martes, 21 de noviembre de 2023

LOS MITOS SOBRE EDUARDA MANSILLA I. Por Manuel Rafael García-Mansilla

 LOS MITOS SOBRE EDUARDA MANSILLA de GARCÍA I

Por Manuel Rafael García-Mansilla y Zavalía. 

Un poco de luz, a la historia imaginaria que en algunos casos se construyó sobre su vida, omitiendo el valor que tuvieron en realidad.

            En general muchos de los escritos e investigaciones sobre la vida y obra de Eduarda Mansilla de García, se han circunscripto al estudio de sus libros, sus escritos y al reducido epistolario que sobrevivió a su muerte. En ese rescate de su figura olvidada injustamente, hoy claramente reconocida, el que fue impulsado por el deseo de tener una visión y un conocimiento más profundo y claro sobre su vida, se olvidó, salvo escasas excepciones, ir al encuentro de muchas fuentes y documentación que hoy duermen en los archivos familiares y estatales.

            La correspondencia y las memorias de los principales personajes de nuestra historia, son la mejor fuente para penetrar, de modo imparcial, en la intimidad de los sucesos. Las cartas, sobre todo, encierran las ideas, las pasiones, las simpatías y las prevenciones, los deseos pequeños y grandes, que mueven día a día a los protagonistas.

            Muchos aspectos aún oscuros, e interpretados en distintos sentidos, de la historia política y social del siglo XIX, quedarían aclarados si se emprendiera la publicación metódica de esta clase de documentos, considerablemente retardada. No es posible escribir razonablemente sobre la historia, sobre el desenvolvimiento del país, sin su examen, como no es posible realizar un análisis químico, sin conocer la naturaleza de los elementos que forman el cuerpo compuesto.

            Nos referimos principalmente al vasto epistolario de su marido Manuel Rafael García Aguirre con Domingo Faustino Sarmiento, la mayoría inédito, exceptuando una parte publicado por su nieto Manuel Rafael García-Mansilla y Mantilla en 1910, el de sus parientes, amigos y allegados más cercanos, tales como: el padre de Eduarda el general Lucio Norberto Mansilla,  a su queridísimo primo hermano y amigo Manuel Alejandro Aguirre, a su primo hermano Alejandro Valdéz Rozas, a Dalmacio Vélez Sárfield, a Guillermo Rawson, a Mariano Balcarce, a Juan María Gutiérrez, a Bartolomé Mitre, a Nicolás Avellaneda,  a Julio Argentino Roca, a Rufino de Elizalde  y muchos otros.  También es menester podemos mencionar el cúmulo de información que resguarda el Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Ello impidió tener una mirada más cabal sobre la vida del matrimonio García-Mansilla lo que derivó en muchas interpretaciones en muchos casos alejadas de la realidad.

            Sería muy largo enumerar el vasto material que he obtenido durante largos años de estudio, hoy solo me voy a referir algunos de esos mitos tan mentados.


SU FECHA DE NACIMIENTO




            No hay ninguna duda que mi tatarabuela nació el 11 de diciembre de 1834, festividad de San Dámaso (37° Papa de la Iglesia Católica patrón de los arqueólogos) Fue bautizada el 11 de enero de 1835 en la Iglesia de San Ignacio de Buenos Aires con el nombre de Eduarda Damasia (era común en la época poner el nombre del santo del día de su nacimiento). Su certificado de nacimiento no existe porque en el año 1834 no se registraban civilmente los nacimientos. Recién a partir de 1886 con el dictado de la Ley 1565 de creación del Registro Civil se comenzó a registrar bautismos, matrimonios y defunciones. Las constancias se obtenían con las partidas de bautismo. En el caso de Eduarda, los registros fueron quemados el 16 de junio de 1955, triste fecha en la que fueron quemadas muchas iglesias en el gobierno de Juan Domingo Perón y se perdieron valiosísimos documentos de nuestra historia.

            Sin embargo, son innumerables los comprobantes que tenemos en el ámbito familiar para aseverar lo que expreso. Investigaciones genealógicas de mi abuelo Manuel Rafael García-Mansilla en las que consignó su fecha de nacimiento el número de folio y año de su partida de bautismo obtenida antes de la quema en el año 1910; su partida de matrimonio donde se consigna su edad llevado a cabo el día 11 de enero de 1855, registrada en la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel de Buenos Aires de la que tenemos constancia de su folio y año (Libro Segundo de matrimonios, Año 1855, folio 66) (testigos León Ortiz de Rozas, su abuelo materno y Cayetana Mansilla Bravo de Oliva su tía paterna); fotografías escritas al dorso, en especial una donde su hija Eduarda «Eda» García-Mansilla, consigna claramente su fecha de nacimiento. Las partidas de bautismo de sus hijos y en particular la de mi bisabuelo Manuel José García-Mansilla quién fue bautizado en Buenos Aires el domingo 11 de diciembre de 1859 – coincidencia - en la Iglesia de San Ignacio de Buenos Aires y donde se dice que su madre tiene 25 años, lo que claramente nos lleva a la fecha de su nacimiento.

            La edad en la que publicó su primer libro el Médico de San Luis (1860) no fue escrita a la edad que muchos han consignado. Cuando lo publicó tenía 25 años; El Censo de Buenos Aires de 1855 figura con 20 años viviendo con su marido en casa de su suegra Manuela Aguirre y Alonso de Lajarrota en la calle Santa Clara Número 100 de la ciudad de Buenos Aires.

            El poeta colombiano Rafael Pombo, hace años hizo una pequeña semblanza biográfica sobre mi tatarabuela, que fue publicada en la segunda edición del Médico de San Luis (1879) en la que indica con acierto que nació el 11 de diciembre de 1834. Este poeta, que en el año 1861 se desempeñaba como ministro plenipotenciario de Nueva Granada ante los Estados Unidos, hizo buena amistad con mis tatarabuelos que llegaron a Nueva York en junio de 1861 y seguramente la fecha se la dio mi tatarabuela.

            


            Para finalizar el libro de aniversarios escrito de puño y letra por su hermano Lucio Victorio Mansilla, que está en poder de mi primo Luis Bollaert, indica con claridad la fecha de nacimiento de su hermana.

 

viernes, 25 de agosto de 2023

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE EDUARDA MANSILLA


POR MARÍA ROSA LOJO



                         Fotografía sacada en Filadelfia, Estados Unidos de Norteamérica en 1861.
                             Propiedad de su tataranieto Manuel Rafael García-Mansilla y Zavalía.
                
                    Eduarda Mansilla de García (1834-1892) fue la personalidad creadora femenina más completa y más compleja en la Argentina del siglo XIX: pionera en la literatura y en la música, como cantante de salón y compositora; intelectual, periodista aguda y reflexiva, con opiniones propias, que publicó en los grandes diarios nacionales, cuando esa era solo una tarea de hombres. Escribió libros que inauguraron géneros y tendencias en la literatura argentina. A ella se le deben los primeros Cuentos (1880) para niños y jóvenes de nuestro país; ella es también la adelantada del género gótico-fantástico, que tan larga descendencia (y en varios sentidos) tendría en la tradición rioplatense, y que plasmó en un libro de excepción: Creaciones (1882).

          Antes que su más famoso hermano, Lucio V. Mansilla, introdujo los pueblos originarios en nuestra literatura y habló del mestizaje fundador en su Lucía Miranda (1860), y de otra vida posible, del lado de las tolderías, en El médico de San Luis (1860). En su novela más madura: Pablo, ou la vie dans les Pampas (1869), elogiada por Victor Hugo y redactada originalmente en francés, se propuso explicarles la Argentina a los franceses desde su propia lengua, y, sin perder nunca el equilibrio, imaginó en ella un villano unitario que balanceaba la entonces habitual demonización post-rosista del federalismo. Fue más allá del simplificador pensamiento dicotómico y desarmó en sus libros las antinomias ciudad/campaña, civilización/barbarie. Antes de que Lucio Victorio en una Una excursión a los indios ranqueles y antes que el Martín Fierro contó en esta novela, y ya en su primer libro publicado, El médico de San Luis, las desventuras del gaucho perseguido. Se situó en la perspectiva de los presuntos “bárbaros” para denunciar, desde ellos, las marcas de la opresión y de la exclusión. Dotó de una fuerte visibilidad reivindicatoria a los personajes afroargentinos que aparecen en sus libros.

          Uno de sus aportes más singulares como narradora radica en haber enfocado desde dentro, en sujetos de complejos matices, el otro lado de la épica gauchesca, del coraje viril: la lucha inadvertida de las mujeres, condenadas al abandono y a la espera de los hombres que parten a la guerra, así como a la ignorancia que las priva de la educación más elemental y las convierte, dice, en “parias del pensamiento”, “almas prisioneras”, “verdaderas desheredadas” sujetas a las “luchas desgarrantes de las pasiones humanas”, sin contar con las herramientas culturales para comprenderlas y dominarlas. En general, su abordaje de la condición social femenina, ya sea en el paisaje rural o en el medio urbano, pone de relieve las limitaciones de su papel de acuerdo con los mandatos imperantes, que las ahogan y las llevan a buscar vías de escape.

Su primer novela "El Médico de San Luis" publicada
en el año 1860 y dedicada a Domingo Faustino Sarmiento
          Como señalamos, Eduarda Mansilla publicó frondosamente en la prensa nacional de primera línea, no ya solo en las revistas femeninas (escritas por mujeres o para mujeres) que comenzaban a despuntar en la época. Dijo Sarmiento (que recomendó fervorosamente sus Cuentos): “Eduarda ha pugnado diez años por abrirse las puertas cerradas a la mujer, para entrar como cualquier cronista o repórter en el cielo reservado a los escogidos machos, y por fin ha obtenido un boleto de entrada, a su riesgo y peligro...” (El Nacional, 1885).

          En ese cielo, no fue un ángel sumiso, ni se limitó a opinar sobre los temas propios “de su secso”. Habló de modas y de grandes fiestas, pero también de crítica teatral y musical (un rubro en el que era verdaderamente experta); hizo crítica de costumbres, sostuvo posiciones políticas, opinó en cuestiones educativas, sociales y religiosas. Y siempre, sin abandonar las marcas de un estilo profundamente literario y un enfoque personal. Como su hermano Lucio V., como Victoria Ocampo (heredera, voluntaria o no, de ambos Mansilla), supo anclar la imagen del mundo en la perspectiva compleja de un “yo”, que acerca a los lectores a su experiencia viva. También como Lucio, fue una gran viajera (sin duda la escritora argentina más cosmopolita de su tiempo), y dio cuenta de esos periplos en artículos periodísticos, en sus cuentos y sobre todo en Recuerdos de viaje (1882) que relata su estadía en los Estados Unidos de Norteamérica, donde conoció a Lincoln, asistió a los comienzos de la Guerra de Secesión, y a donde volvió, unos años más tarde, en misión diplomática, junto a su marido. 

          Eduarda no solo escribió en la prensa y en sus libros sobre su vida en el país del Norte, sino que allí atrajo la atención de la prensa local. Las crónicas de Washington describen a “Madame García” como un verdadero ícono de glamour, cultura y distinción. Brilló en todos los salones donde puso el pie y afinó la voz. Fue una intérprete y cantante lírica notable en varios idiomas, así como también compositora de piezas musicales, alguna de ellas con novedoso color latinoamericano. Melómana desde niña, pudo luego estudiar en Europa con grandes maestros (como Charles Gounod y Jules Massenet), conoció a Rossini y fue amiga de célebres cantantes como la contralto Marietta Alboni y el tenor Enrico Tamberlick.

          Compuso y estrenó también obras de teatro, de las cuales solo se han conservado La marquesa de Altamira y Similia Similibus, una pieza que quedó integrada al libro Creaciones. En algún caso (Los Carpani), solo ha quedado una crítica, no muy favorable, pero que demuestra algo: probablemente la autora había abandonado el romanticismo aún imperante en el teatro rioplatense, y estaba intentando (siempre a la vanguardia) una apertura hacia el realismo que ya se imponía en Europa. 

Su marido Manuel Rafael García Aguirre 1826-1887
          En paralelo a su intensa actividad social y cultural tuvo seis hijos (Manuel José, Eduarda Nicolasa, apodada Eda, Rafael, Daniel, Eduardo y Carlos García-Mansilla), y acompañó en sus funciones a su marido, el diplomático Manuel Rafael García Aguirre, hijo de Manuel José García (primer Ministro de Hacienda de la Argentina). Conoció la corte de Eugenia de Montijo y Napoleón III. Residió también en Bretaña donde vivía Eda, su hija ya casada, y en Florencia y en Viena con su hijo Daniel (que también sería diplomático). Poco antes de su segundo viaje a los Estados Unidos, y luego de la publicación de Pablo, ou la vie dans les Pampas (1869), recibió una carta de Berlín, en la que el secretario del Káiser Guillermo I (mecenas de las letras), le ofrecía una posición en su corte, que ella declinó aceptar.

          Después de 17 años de ausencia volvió a la Argentina en 1879 (el mismo año del estreno de Casa de muñecas), acompañada por sus hijos menores: Eduardo Antonio y Carlitos, y permaneció por lo menos hasta 1885/6[1], fundamentalmente para darse a conocer como artista. Como Nora Helmer, la gran protagonista de Ibsen, no había huido con otro hombre. Antes bien, se había propuesto hacerse cargo de su destino como individuo, aunque ello le significara reacciones encontradas dentro de su familia. Presumiblemente pagó por esta decisión un alto costo personal. Después de su retorno a Europa se instaló en París con su hijo Daniel (entonces estudiante de Derecho y Ciencias Morales), mientras su marido se llevaba consigo a Viena a Eduardo y a Carlos. Eduarda siguió a Daniel en sus primeros destinos diplomáticos (uno de ellos, la corte de la emperatriz Sissi) hasta que en 1890 decidió establecerse en Buenos Aires junto a sus cuatro hijos menores, que habían pasado a vivir con ella después de la muerte de Manuel Rafael García en 1887. Sus últimos años fueron de casi absoluto silencio literario y de actividad musical privada, acompañada por algunos músicos notables como Alberto Williams y Julián Aguirre. Murió después de haber sobrellevado una larga enfermedad cardíaca, en 1892, dejando entre sus últimas voluntades el paradójico pedido de que no fuesen reeditadas esas obras por cuya difusión tanto había luchado. 

          Esta escritora nació en una de las familias más conspicuas de la Argentina decimonónica: los Ortiz de Rozas-Mansilla. Fue la sobrina predilecta de Juan Manuel de Rosas, prima de Manuelita, hija del general Lucio Norberto Mansilla, héroe de Obligado, y de Agustina, celebrada por su belleza y también por su ingenio.

Su madre Agustina Ortiz de Rozas 1816-1898
          Pero, si bien todo ello añade un interés a su vida, la importancia de Eduarda Mansilla no es transitiva. Es por sí misma un personaje memorable de la cultura argentina, ignorada durante mucho tiempo, en gran parte por razones de género y quizá también por motivos políticos, dada la extracción federal de su familia materna. Esto no impidió que tanto ella como su marido, Manuel Rafael García Aguirre, fuesen buenos amigos de Sarmiento, admirador y promotor entusiasta de Eduarda como periodista y escritora. Si bien se advierten en sus novelas disidencias con algunos aspectos de la política del partido antirrosista triunfante, Eduarda Mansilla apoya todo lo que le parece loable, como la obra educadora que Sarmiento lleva a cabo. Comparte con su hermano Lucio una perspectiva afín sobre la Argentina, reivindicadora e inclusiva de los sectores subalternos, a la que Eduarda añade una lúcida mirada crítica sobre la condición femenina y su posición subordinada en la sociedad.


También, por la documentación a la que hemos tenido acceso, sabemos de la estrecha colaboración intelectual en el matrimonio de Eduarda Mansilla y Manuel Rafael García Aguirre. Ambos compartían lecturas e intereses políticos. Incluso hacían en común traducciones de autores extranjeros. Mientras vivieron juntos en misiones diplomáticas, la Sra. de García asumió un papel que estaba muy lejos de ser meramente decorativo.

                Eduarda Mansilla es un punto de cruce, una bisagra y a la vez una síntesis. Heredera de la Ilustración, cultivada y erudita (incluso cuando escribe para los niños), es también una mujer romántica, y ya anticipa la mujer moderna. Por otro lado, desciende, por vía familiar, de una poderosa estirpe de matronas criollas (su abuela materna, doña Agustina López de Osornio, las representa por antonomasia), cuya indudable autoridad y relativa autonomía se volvería (paradójicamente), cada vez más difícil de comprender y convalidar a medida que se avanzase hacia el fin del siglo XIX y se impusiese en el Río de la Plata, como lo señala el historiador uruguayo Pedro Barrán, la “sensibilidad victoriana” acentuándose la pérdida de influencia de las mujeres de la alta burguesía (relegadas al gineceo doméstico) en la actividad política y de opinión (que en cambio habían ejercido antes, en la época de la Independencia y las guerras civiles). El fuerte carácter de Eduarda y la libertad de su conducta, a la vez que su protagonismo público, delineaban un tipo femenino que no sería aprobado luego por la clase dirigente de la que ella misma había surgido. Lo que explica también, en parte, el silenciamiento de su obra.

          Es la primera autora argentina capaz de escribir originalmente en francés (y nada menos que su mejor novela). Tanto en este sentido, como en otros, Eduarda es la antecesora (no reconocida) de Victoria Ocampo. Pero a diferencia de Victoria, no padece de “complejos de inferioridad geopolíticos y de género”[2] Es una “traductora rebelde” que propone nuevos originales, orgullosa, tanto de su condición femenina como de su condición americana. 

          Eduarda, desde su decidida femineidad, jamás creyó que esta fuese un impedimento para que las escritoras se dirigieran al resto del género humano y fueran escuchadas y respetadas por todos. Por el contrario, sostuvo firmemente, desde sus primeros libros, el papel de las mujeres como las educadoras de la sociedad en general y de los varones en particular. Pretendió influir en su entorno y modificarlo. No propuso una literatura “de mujeres para mujeres”, sino una literatura de mujer capaz de aportar (para mujeres y varones) un valor de conocimiento de la experiencia humana. 

          Cosmopolita y criolla, porteña y universal, merece recibir el homenaje de sus conciudadanos en lo más cotidiano: una calle que la recuerde en el mapa de Buenos Aires.

Por María Rosa Lojo
Escritora- Doctora en Letras (UBA)
Investigadora Principal del CONICET
Miembro de la Junta Consultiva del Instituto de Literatura Argentina “Ricardo Rojas”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires
Profesora Titular de la Universidad del Salvador

[1] Debemos estos datos, que antes se desconocían, a la exhaustiva investigación de la Dra. Marina Guidotti, plasmada en la edición crítica Escritos periodísticos completos (1860-1892), de Eduarda Mansilla. Dicha investigación fue realizada en el marco del Proyecto de Investigación Plurianual del CONICET 0286 del que fui Investigadora Responsable, y se publicó en la Colección EALA, siglos XIX y XX (Buenos Aires, Corregidor, 2015) de la que soy directora general. 

[2] Desarrollo esta tesis en mis artículos: “Género, nación y cosmopolitismo en Eduarda Mansilla y Victoria Ocampo”. Alba de América, Vol. 29, nºs 55 y 56. Westminster, Instituto Literario y Cultural Hispánico (julio 2010): 137-149, y “Eduarda Mansilla y Victoria Ocampo: escritoras y personajes de novela”. Revista de Literaturas Modernas, 41 (2011), Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo: 36-55.