domingo, 9 de septiembre de 2012

ESCRITOS PERIODÍSTICOS DE EDUARDA MANSILLA DE GARCÍA (1834-1892)


ESCRITOS PERIODÍSTICOS DE EDUARDA MANSILLA DE GARCÍA (1834-1892)
Edición crítica con Introducción y notas de Marina L. Guidotti (Universidad del Salvador)

La editorial Corregidor, tiene previsto publicar próximamente en su Colección de Ediciones Académicas de Literatura Argentina (EALA) Siglos XIX y XX, la que se edita bajo la dirección general de María Rosa Lojo ( CONICET-UBA-USAL) y la co-dirección de Jorge Bracamonte (CONICET-UN.Córdoba) una nueva obra de Eduarda Mansilla de García.

Este volumen, dedicado a la labor periodística de Eduarda Mansilla de García, reunirá los escritos dispersos de la escritora argentina que se editaron en la ciudad de Buenos Aires, mayoritariamente entre junio de 1879 y el mismo mes de 1884, en las publicaciones periódicas La Ondina del Plata y La Gaceta Musical y, entre otros, en los periódicos El Nacional y La Nación. En ellos se destaca por una escritura atenta al entorno social; una actitud reflexiva hacia el rol de la mujer y la necesidad de su educación; la difusión de las artes y la música –sus observaciones sobre teatro, ópera y conciertos la distinguen como indiscutible crítica de arte. Sin perder la precisión del estilo periodístico, la prosa de estos textos, enriquecida poéticamente, se inscribe en la literatura.
Asimismo, la imagen de la autora se redimensiona a través de artículos firmados por literatos y políticos –un ex presidente, Sarmiento, y el presidente Avellaneda–, que elogian sus dotes de creadora y de dama de la cultura, y corroboran el prestigio que alcanzó. Son recurrentes los comentarios a la actividad literaria que realizaba en su Salón, así como las referencias a los estrenos de sus obras teatrales, La Marquesa de Altamira, Los Carpani y Ajenas culpas, o a la publicación de su producción narrativa Cuentos, Recuerdos de viaje y Creaciones.

A diferencia de otras escritoras, sus artículos no están orientados hacia el aspecto doméstico o el entretenimiento, de allí sus consideraciones sobre la educación femenina, el lugar que debía ocupar la mujer en la vida pública o sus reflexiones sobre su relación con la política. La veta costumbrista también está presente en artículos en los que describe la cultura de las sociedades donde le tocó vivir al ser la esposa del diplomático argentino Manuel García Aguirre.

Marina Liliana Guidotti (Universidad del Salvador, profesora de las cátedras de Literatura Argentina e Iberoamericana) es asistente de dirección en los Proyectos de Investigación Plurianuales del CONICET n.º 5878 y n.º 0286, dedicados al rescate de la obra de los hermanos Eduarda y Lucio V. Mansilla, y coautora de ediciones críticas y volúmenes de investigación.

Celebramos este nuevo aporte a la literatura argentina.











sábado, 8 de septiembre de 2012

Eduarda Mansilla, una ilustre porteña que merece ser homenajeada.

Cuando uno pasea por las calles de la ciudad de Buenos Aires y especialmente por el coqueto Puerto Madero, no puede menos que asombrarse que en medio de tantas calles que recuerdan a nuestras más destacadas mujeres argentinas, no haya recuerdo alguno para quién fue la pionera indiscutida de las letras argentinas, junto a Juana Manuel Gorriti y Juana Manso: Eduarda Mansilla.

Pueden los interesados conocerla,  leyendo las notas que hemos publicado en nuestro blog. Esperamos que del conocimiento de su vida y obra, surja el reconocimiento que desde su muerte en 1892 le debe la ciudad que la vio nacer.

Ahora queremos compartir las palabras que sobre la personalidad de Eduarda Mansilla, escribió el destacado poeta colombiano Rafael Pombo, quién la conoció cuando se desempeño en los Estados Unidos como ministro de la entonces denominada Nueva Granada.

"Que la naturaleza es la madre artista y el modelo de los artistas, es antigua trivialidad, y parece confirmarse por la observación de que ella á semejanza de estos, ó mas bien estos á semejanza de ella, tienen su trabajo de abasto, -ordinario, imperfecto y como farfullado por mano de los oficiales y no del amo;- y su trabajo de amor u de esmero, en el cual se proponen hacer por el honor de su firma. La naturaleza vuelve entonces, como ellos, á los mejores modelos, escoge los más exquisitos materia es, combina las excelencias de gusto y de servicio, de vista y de uso: trabaja ella misma, sin consentir otra colaboración que la de Dios : y el resultado es desde luego una prenda sobresaliente, una joya de Exposición."

"A esta línea pertenece la señora doña Eduarda M. de Garcia, esposa del actual Ministro Argentino en Washington, ya conocido de nuestros lectores por su ilustradora pluma."

"El cielo y la naturaleza han reunido efectivamente en la brillante personalidad de la señora de García las gracias y los dones que soliendo andar distribuidos de uno en uno, basta á menudo para hacer la fortuna de quienes los poseen. Hay en ella un monopolio que desmiente aquella consoladora teoría propalada por los necesitados y los feos de que, según la constitución divina, dichos dones, á semejanza de los cargos públicos y sus emolumentos, no son acumulables. Ella contradice igualmente la aserción de los naturalistas de que las aves que mejor cantan son las de menos vistosa apariencia."

"Fué su familia materna la dominante en el país de su nacimiento por un período dilatado; y del apellido sudamericano que de la independencia acá ha resonado mas fuertemente en Europa. De posición y educación no pudo haber aspirado á mas de lo que le tocó y sigue siendo suyo; muchos de los mas cultos y espléndidos salones de ambos continentes han sido ordinario teatro de su múltiple é irresistible prestigio ; amó, y se casó con su elegido, digno por cierto de la mas digna ; y como esposa y madre, bien puede la realidad no haber desmentido ninguno de sus dulces sueños de novia."

"Espiritual y fecunda escritora en todas las líneas, -novela, drama, ensayos filosóficos, artículos descriptivos, correspondencia, etc., y aplaudida en todas, aun por los creadores y los críticos ; artista de aflicción é inspiración, que con igual gracia y primor compone, ejecuta en el teclado y modula con la voz, cantando de una manera arrebatadora ; soberana en la conversación, y eléctrica en la agudeza de buen tono, en cualquiera de cuatro idiomas que posee con perfección envidiable ; tan extremada en la amistad cuanto mimada por sus amigos ; y rica en fin de una hermosura descollante cuya armonía con el encanto y prodigiosa actividad de su espíritu describió Víctor Hugo al dirigirle esta frase que todo lo dice y que redime al lector de la pálida descripción que á falta de ella ensayáramos nosotros : “ Vous ètes belle comme vòtre àme, vòtre sourice est un éblouissement.”

"Si al tributar este homenaje á méritos tan singulares frisamos tal vez en lo indiscreto, tratando de una dama para la cual no hay corona que merezca sustituirse á la del hogar doméstico, alejaremos en defensa nuestra la ingobernable curiosidad del mundo por penetrar en el santuario de sus diosas. Ni somos en este caso los primeros, como que de varias publicaciones de distintas épocas y de respetuoso, recogemos las siguientes noticias que probarán que en nuestras palabras no se ha deslizado la lisonja ni la exageración."

Fuente: El Plata Ilustrado, segundo semestre, nº 48, Bs As, 8 setiembre de 1872, p.573-5

domingo, 8 de julio de 2012

LA MARQUESA DE ALTAMIRA. Eduarda Mansilla de García


LA MARQUESA DE ALTAMIRA
EDUARDA MANSILLA DE GARCÍA

Hoy el es tema favorito de las conversaciones familiares, de las discusiones de los centros sociales, y de la crítica de los cronistas, la representación de la Marquesa de Altamira, drama original de la notable literata argentina Eduarda Mansilla de García.

Es necesario tener en cuenta la competencia de los críticos tratándose, sobre todo, de un drama social de elevadísimos propósitos morales y singulares formas de estilo.

Felizmente, a la representación de la Marquesa de Altamira, han concurrido, como pocas veces, altos representantes del criterio literario, y todo han discernido a la obra el título de una valiosa joya del tesoro intelectual , y a su autora, el de uno de los talentos más descollantes y mejor educados del sexo femenino.

No se debe pasar por alto que en este juicio quizá influyeron los antecedentes de la señora  Mansilla, sus dotes personales, su elevada posición social, las simpatías de que goza y el natural prestigio que ella ejerce, pues se trata de una gran mujer, que gira en una esfera de difícil acceso, aún para los hombres de gran talento y vasta erudición.

Podemos definir nuestra opinión con estas lacónicas palabras: La Marquesa de Altamira es un verdadero drama.

Fuente: Del periódico “Las Provincias” 29 de octubre de 1881.

domingo, 6 de mayo de 2012

EDUARDA MANSILLA DE GARCÍA Recuerda "DESDE LA PATRIA" La legación Argentina en París.


          En general los escritos periodísticos de Eduarda Mansilla de García son poco conocidos y hasta el momento no se ha hecho, que yo sepa, compilación y estudio de los mismos. Sería de gran valía una obra académica que diera a conocer esta faceta de una de las escritoras fundacionales de nuestra literatura femenina.

La Ondina del Plata en el año 1875 poco antes del retorno a su patria, nos decía: " Sus artículos sueltos, su correspondencia y escritos de colaboración en periódicos, formarían volúmenes....Su chispa peculiar, su ternura de sentimientos, sus felices reminiscencias de viajera, y la femenina volubilidad de su estilo, delatarían a la autora, dado que el seudónimo de Daniel es un secreto a voces en la América Meridional

          Hoy queremos dar a conocer uno de sus tantos escritos que fuera publicado bajo el título "Desde la patria" el miércoles 26 de mayo de 1880 en la Sección Literaria del diario "El Nacional" de Buenos Aires en su número 10.140 con motivo de la conmemoración de la Revolución de Mayo. .

          Hay en París en el número 5 de la calle de Berlín, una mansión (mansión como dicen los ingleses), que bien conocen y nunca olvidan los argentinos que visitan a París: es ésta la Legación Argentina.

   
          La Legación del país á que uno pertenece, es para el viajero la patria en el extranjero, es el asilo seguro en los momentos de hastío, y no los tiene poco el que viaja, que como dice Madame de Stael «viajar es un triste placer». La Legación es un centro donde se reunen, donde se acogen lejos de su home los hijos del mismo suelo; es la fuente donde acuden los que ansían por noticias intimas ciertas, directas que llegan de esa patria, tanto más querida, cuanto más lejana. La Legación es el punto de reunión obligatorio de aquellos que divididos en el propio suelo por discordias, por rencillas, por mal entendus políticos, siempre transitorios, se unen, se estrechan y a veces hasta se aman pro fundamente en el extranjero. Cuántas veces he visto a hombres que parecían enemigos irreconcilliables en su país, empezar por darse el titulo de compatriota fuera de él y acabar por el de amigo. La Legación es la casa paterna de los que llegan á tierra extraña con frecuencia solos, a veces pobres, desvalidos y están empero seguros de ser comprendidos, casi queridos en aquel centro.

          Allí se habla la propia lengua, allí se ama la misma patria, se sienten las mismas amarguras, se recuerdan las mismas glorias. Qué son á la distancia, en la legación de la lejana patria, esas nubecillas que empañan de continuo el cielo azul de nuestra madre común.

          Díganlo los argentinos que han viajado, allá «allende los mares», como dice el poeta, argentino y hermano no son sinónimos? Gracias al cielo las desavenencias, las discordias que nos agitan por más vehementes, que ellas se manifiesten en la hora aguda de la fiebre, no son de esas desavenencias que llamaré trascendentales y que siendo la lucha de intereses opuestos, antagónicos que vienen desgarrando la humanidad desde su origen, y no es atrevido el decirlo, llegarán difícilmente á encontrar solución pacifica en el viejo mundo. Pero nosotros que tenemos todos "Meme coeur", como canta Victor Hugo, nosotros, lo repito, estamos siempre en camino de entendernos, de estrecharnos, por más que ello parezca estrafalario ó romanezco. Ceda el uno, consienta el otro hoy ó mañana, el tema es idéntico, amor á las instituciones republicanas y pasión por la patria común, las variantes van siempre siguiendo la grata melodía y solo se pierde tiempo, tinta y á veces lágrimas.

          Pero que los disidentes se encuentren en París á la reja de la calle de Berlín y me dirán si las pasadas miserias no les parecen como miradas por el reverso de un anteojo de teatro. Muy pequeñas!

          Todos saben que al penetrar en la Legación Argentina, esa mansión de paz y confraternidad, serán recibidos fraternalmente por un hombre de maneras afables y corteses que parece tener el don extraño de representar en su persona la patria madre con sus dulzuras y sin sus amarguras. Cómo no sentirse puramente argentino en aquel centro en donde todo es afabilidad, cultura y buen tono!

Mercedes Tomasa San Martín Escalada
Mendoza 1816- Brunoy, Francia 1875
          En otro tiempo había en los salones de la calle de Berlín una mujer amable y distinguida, que poseía como nadie el talento de poner á son aise, desde luego, á cuantos tenían la dicha de penetrar en aquel recinto. Doña Mercedes San Martín era por su cultura y distinción una notabilidad. Su trato, de una lady inglesa suavizado por la cortesía francesa, reunía ese no sé qué sud-americano que se siente y no se explica.

Todos los que á ella se acercaron con intimidad, saben que su padre el General San Martín dirigió casi exclusivamente la educación de su hija amada y que ésta fue la compañera fiel y asidua del anciano hasta su hora postrera. Misia Merceditas, como los argentinos la llamábamos, no hablaba nunca de tatita sin que sus ojos se arrasaran en lágrimas. Bello modelo de piedad filial! Me parece verla secundada por la dulce Pepita y el distinguido señor don Mariano, hacer con sencillez encantadora los honores de esos salones suntuosos, en donde el arte y el buen gusto han coleccionado tantas bellezas. 

          Qué argentino no recuerda con grata emoción las soirées de la Legación Argentina, punto de reunión de lo más escogido de la colonia americana y en las noches diplomáticas de cuanto de más encumbrado reúne París. No puedo sin enternecimiento recordar desde la patria el salón cuadrado adornado con copias magistrales de los mejores cuadros del mundo; algunas de ellas obra de Misia Merceditas, eximia artista.

General don José de San Martín
Acuarela pintada por su única hija
Mercedes San Martín
          Quién de mis compatriotas no recuerda ese retrato colocado en un costado del salón, representando un hombre de más de treinta y cinco años, de tez morena, nariz lijeramente aguileña y ojos negros centellantes.

En el fondo se verá los pliegues del estandarte azul y blanco tan caro a todos los argentinos, y en un ángulo aparece una rama de laurel. Aquel hombre no es otro que el General San Martin retratado por su hija. Con un talento digno de un gran maestro, la artista amorosa ha logrado estampar en el lienzo los rasgos característicos del héroe.

Aquellos ojos lanzan rayos y en la frente luminosa aparece la majestad del triunfo y del sufrimiento. No es posible apartar la mirada de aquel semblante severo y bueno á la vez. Se ve que el hombre nació para imperar, el respeto y la admiración se imponen á su vista.

En el salón cuadrado está colocado el piano, que en aquella casa se cultivan todas las artes. Más de una vez, el caro representante de nuestra patria, me dijo con esa sonrisa amena que todos le conocen:

«Eduardita: Aquí canta vd. mejor que en ninguna parte».

«Es cierto, le respondí, miro ese retrato y me inspiro»

          Que los escépticos no crean, hoy no trato con ellos; pero nunca ha resonado mas pura mi voz, que en aquel salón cuadrado.

Mariano Balcarce
Buenos Aires 1807- Brunoy 1885
          Pobre amigo querido, que me leerá en esa Francia su segunda patria, de donde acaban de arrancarle un pedazo del corazón. Lo proclamo bien alto, el Senor. don Mariano Balcarce al desprenderse de esas cenizas ilustres, para él tan queridas, ha hecho un sacrificio inmenso, que los argentinos todos deben retribuirle con agradecimiento ferviente y si es posible con mayor suma de respeto. Díganlo todos aquellos que pisaron aquella mansión hospitalaria, es posible ser mas afable, más benévolo, mas patriota?

          No. Yo que tantas consideraciones debo a esa familia modelo, que fue para mí y mis hijos un centro cariñoso; invito a las damas argentinas a enviar al hijo del General San Martín una palabra de reconocimiento. Sé que mi viejo amigo la recibirá con dulce enternecimiento y profunda gratitud. Propongo la idea para que la lleven a cabo mis compatriotas en la forma que les sea más agradable. El General San Martín amó mucho á Balcarce.

          Ya que el pueblo argentino va a rendir homenaje al héroe, que las madres y las esposas, cumplan con la tarea de dulcificar la pena de un corazón enlutado, donde han debido luchar sentimientos generosos y encontrados; pero en el cual venció el patriotismo."

Eduarda Mansilla de García

Mayo 21 de 1880

martes, 1 de mayo de 2012

Eduarda Mansilla, Lucía Miranda (1860). Edición de María Rosa Lojo y equipo.


El libro "Lucia", firmado con el seudónimo de "Daniel"
que identifica a  Eduarda Mansilla de García se editó
en el año 1860 y no era conocido por quienes
estudiaron su obra literaria.  

          En 1860, Eduarda Mansilla, una mujer de procedencia patricia, publica un folletín que reescribe el mito de la cautiva blanca: Lucía. Novela sacada de la historia argentina, que será reeditado definitivamente en forma de libro en 1882 con el título Lucía Miranda. Novela histórica. (1)

          En 2007, María Rosa Lojo, una reconocida investigadora y escritora que ya en 1999 escribiera una novela dedicada a Mansilla (Una mujer de fin de siglo), edita aquella obra prácticamente olvidada. De este modo, Lojo rescata la figura de la mujer culta e intelectual que escribe y publica en el contexto de los procesos independentistas de la Argentina del siglo XIX, y rememora el simbolismo que el mito de la cautiva blanca instauraba en ese ámbito.

           El volumen es el resultado del proyecto de investigación radicado en la Escuela de Letras de la Universidad del Salvador, “El pasado colonial en la novela hispanoamericana”, que la Doctora Lojo formara junto con el equipo integrado por la Doctora Hebe Molina y las licenciadas Marina Guidotti, Claudia Pelossi, Laura Péres Grass y Silvia Vallejo.

           Una obra de producción enteramente femenina pero que, no obstante, excede ampliamente ese marco de recepción. En la introducción al libro, Lojo explica que, contemporáneamente a la primera publicación de Lucía (1860) en el diario La Tribuna, otra escritora, Rosa Guerra, da a conocer en ese mismo medio su Lucía Miranda (1860). Esta llamativa coincidencia es una prueba de la importancia simbólica que adquiere el personaje aludido, ya que recrea un “mito de origen” en el que se expone la discordia entre aborígenes y conquistadores, la posibilidad o no de integrar las etnias y el papel que juegan las mujeres en la fundación de una nueva sociedad. Lojo decide reeditar la obra de Mansilla por “su complejidad literaria y el alcance de su reconstrucción histórica y porque, de cuantos escritores varones y mujeres abordaron el tema (antes y después de 1869), es la voz de Mansilla la que más interés detenta en la literatura nacional de la que forma parte fundadora” (pp. 11-12).

           En el primer capítulo del estudio crítico (“Eduarda Mansilla”), la editora presenta un apartado minucioso en el que estudia el carácter polifacético de la figura de Eduarda: es hermana de Lucio V. Mansilla (cuya obra también ha sido ampliamente estudiada por Lojo), sobrina de Juan Manuel de Rosas y esposa de Manuel Rafael García Aguirre, un joven perteneciente a una familia antirrosista, con quien Eduarda tendrá seis hijos. Además de escritora y lectora asidua, Eduarda es crítica de arte, periodista, cantante, compositora y traductora. Desde muy temprana edad, escribe y lee en francés; más tarde adquiere el dominio del inglés y del latín. Su vida cosmopolita se desarrolla entre el ámbito de las cortes europeas y de la alta diplomacia internacional. Sin embargo, su identidad y la de su literatura se expresa en la conjunción de lo foráneo y las profundas raíces criollas e hispanas que la devuelven una y otra vez a su país de origen. Mansilla es una mujer culta, sensible e inteligente que supo imponerse en un contexto político e ideológico enteramente masculino.

          De hecho, la primera edición de Lucía está firmada bajo el seudónimo Daniel, con el que Eduarda intenta eludir, por un lado, las críticas de los círculos intelectuales que, sensibles a las escritoras mujeres, las rechazan; y, por otro, de las acusaciones de los sectores más tradicionales, que ven como una transgresión amenazante cualquier otra actividad realizada por mujeres fuera del compromiso exclusivo con la vida doméstica.

          El siguiente capítulo del estudio crítico (“Entre historia y literatura. El mito de Lucía Miranda”) pretende rastrear la historia y reelaboración del mito de Lucía Miranda desde la primera versión conocida.

          Es en La Argentina manuscrita o Anales del descubrimiento, población y conquista de las Provincias del Río de la Plata de Ruy Díaz de Guzmán (concluida hacia 1612) donde ese mito se da a conocer por primera vez (capítulo VII, Libro I): Lucía Miranda era la esposa del conquistador Sebastián de Hurtado.

          Mientras residen en el fuerte Sancti Spiritus, a orillas del Paraná, dos hermanos timbúes (Marangoré o Mangoré y Siripo o Siripó) se enamoran de la muchacha. Uno de ellos traiciona a los españoles, esclaviza al esposo y rapta a la joven que ha tratado de evangelizar y educar a los aborígenes. La muerte trágica de Lucía redime el amor que despierta frente al cacique y sella su figura como ejemplo de virtud y fidelidad.

           Para Lojo, la versión de Ruy Díaz explica la violencia interétnica y legitima la conquista, a la vez que crea un espacio de ambigüedad que posibilita la aparición de sucesivas reelaboraciones: el drama El charrúa de Pedro Bermúdez (escrito en 1842 y publicado en 1853), las refundiciones que realizan los historiadores jesuitas entre los siglos XVII y XVIII (Del Techo, Lozano, Charveloix, Guevara), las versiones decimonónicas de los españoles Félix de Azara y del deán Gregorio Funes y el drama perdido de Lavardén, Siripo, de fines del siglo XVIII. Además, Lojo prueba la presencia de la saga en lengua inglesa: supone que Shakespeare debió conocer el mito de Lucía Miranda y que lo presenta en La Orbis Tertius, 2008, XIII (14)

          También Sir Thomas Moore lo introduce en la tragedia Mangora, King of the Timbusians, or The Faithful Couple (1718). Sin embargo, la singularidad de la obra de Mansilla frente a todas las variantes reside en la construcción de la protagonista ya que, al proporcionarle un pasado y una genealogía, recrea una “novela de formación femenina”.

          En el tercer capítulo del estudio crítico (“Las Lucía Miranda de Eduarda Mansilla y de Rosa Guerra”), se expone un análisis comparativo de las versiones de Eduarda Mansilla y de Rosa Guerra. Estas escritoras comparten una visión particular del mito que, a diferencia de otras versiones, no localiza en el círculo de los aborígenes los conceptos de maldad y barbarie, sino que (siguiendo la versión del deán Funes) rescata el valor humano del grupo. En ambas novelas se destaca el cuerpo femenino que, en tanto objeto de disputa, provoca violencia pero que, en términos simbólicos, opera como lugar de mediación y, en la Argentina del XIX, expresa el protagonismo de la mujer como mediadora entre los opuestos (entre Naturaleza y Cultura), como educadora y transmisora de valores morales. Sin embargo, la Lucía de Guerra presenta como valor femenino la capacidad de sufrimiento y sumisión, en tanto que, la de nuestra autora es activa: inteligente, astuta, heroica.

          Para Lojo, la Lucía Miranda de Mansilla es una novela que “narra el crecimiento intelectual y moral de su heroína, que reúne la educación, el prestigio y el coraje considerados masculinos (pero no la violencia épica) a las llamadas virtudes tradicionales de su sexo” (pp. 65-66). Sobre el tema del protagonismo femenino resulta interesante el estudio que realiza Hebe Beatriz Molina y cuya lectura es recomendada por Lojo: “Femenino/Masculino en Lucía (1860) de Eduarda Mansilla” (Alba de América, nº 45-46, 2005).

          En el capítulo cuatro del estudio crítico (“Después de 1860. Continuidad del mito”) se abrevian las refundiciones del mito de Lucía, que van desde 1860 hasta mediados del siglo XX. Entre ellas se destacan los poemas “Mangora” de Alejandro Magariños Cervantes (incluido en Brisas del Plata de 1853) y Lucía Miranda. Episodio Nacional de Celestina Funes (1883); las obras de teatro Lucía de Miranda: drama histórico en cinco actos y en verso de Miguel Ortega (1864) y Lucía de Malaquías Méndez (1879); las novelas Lucía de Miranda o la conquista trágica de Alejandro Cánepa (1916) y Lucía Miranda de Hugo Wast (1929). En cada una de estas refundiciones se pondrá nuevamente en primer plano la representación de los dos agentes sobre los que versa este mito original: las mujeres y los aborígenes. La insistencia en estos grupos se convierte en síntoma de la necesidad de debatir y redefinir las implicancias políticas e ideológicas que subyacen en torno a ellos, y de revisar una y otra vez el pasado y el presente nacionales.

          A continuación, la cuidada edición de Lojo y su equipo presenta, a modo de glosario, un estudio en el que se relevan algunos nombres, espacios y conceptos históricos presentados en la Introducción.
          Además, ofrece un exhaustivo análisis ortográfico, morfosintáctico y léxico sobre la lengua que reproduce la novela, es decir, el castellano del siglo XIX con moderada tendencia arcaizante. En la sección de
apéndices se reproducen documentos de relevancia: notas periodísticas que expresan la recepción de Lucía Miranda hacia 1860, dos cartas que enviara Eduarda Mansilla a Vicente Fidel López referidas a su obra y un gráfico del árbol genealógico de la autora, entre otros.

          El libro que nos ocupa reproduce “fielmente” la edición de 1882 que es cotejada con la publicación en folletín de 1860, de la cual se anotan las variantes estructurales. El aparato de notas es vasto y de suma utilidad: se refiere a los epígrafes que Eduarda toma de diversas fuentes (francesas, inglesas, latinas, italianas, españolas), reúne datos históricos y geográficos de suma relevancia para el lector, aporta saberes de teología y artes y proporciona información lingüística tanto de vocablos en lengua castellana como en lenguas aborígenes.

          En suma y para concluir, con esta obra María Rosa Lojo y su equipo recuperan una joya excepcional que es parte fundante de nuestra historia. De esta manera, las autoras contribuyen a mantener viva la memoria colectiva de un esfuerzo doble: el que rescata a la figura femenina que transgrede los cánones sociales y literarios de su época, Eduarda Mansilla; y el que rememora en nuestro presente el simbolismo original de la heroína de papel, Lucía Miranda.
Fuente: Giselle Rodas

(1) NOTA DEL EDITOR DEL BLOG: Cabe consignar, para conocimiento de todos que antes de ser publicada como folletín ya existía una publicación de esta novela editada en libro en el año 1860, que evidentemente no se conocía al momento de editar esta versión académica del libro "Lucía Miranda" de Eduarda Mansilla. 

lunes, 30 de abril de 2012

PASEANDO POR EL BOIS DE BOULOGNE. Por Daniel García-Mansilla hijo de Eduarda Mansilla.

          Uno de los suplicios que recuerdo de mi niñez en París es el de aquellas tardes en que mi madre, mi hermana y yo, íbamos al Bosque de Bolonia en una carretela de ocho muelles - une calèche à huit ressorts - elegantísima para caer en el interminable tour de lac ( vuelta del lago grande ) , encajados en una cáfila de millares de coches. Para subir o bajar del carruaje tan alto, había un estribo o escalón que se doblaba y cerraba en tres peldaños: toda la caja se zarandeaba como un barco y las señoras requerían ayuda tanto para montar como para descender.

Avenue Bois de Boulogne, París 1875


         Igual tortura se inventó en Buenos Aires, en Palermo, y se remedaba fielmente en la Avenida de las Palmeras.

         Era tal el número de vehículos que avanzaban al paso durante horas enteras, que no se oía más que el tintineo de las barbadas de los caballos impacientes que “incensaban” de continuo con la cabeza.

         Como era cortito de piernas, tenía que sentarme de espaldas a los cocheros y mantenerme en constante equilibrio porque resbalaba sobre el cuero acolchado, siempre temeroso – no sé porque – de que el gordo cochero o el flaco lacayo me cayesen encima. Ellos iban muy erguidos, a la inglesa, con sus sobretodos de paño claro ostentando botones de plata con el escudo oficial.

Para aquellos que quieran rememorar los paseos del Siglo XIX, hoy París
les ofrece esa posibilidad. También lo pueden hacer en el Bois de Boulogne
como Eduarda Mansilla y sus hijos.
        Al volver a casa, y siempre marchando casi al paso por el río de coches, tenía yo el sol de la tarde todo el tiempo en los ojos.

        No es fácil dar una idea de la indumentaria que gastaban las señoras por aquellas décadas. Iban vestidas como para un baile. ¡Restos del pomposo Imperio¡ Paso a describir una de aquellas toilette, que hoy parecería una evocación de Hollywood. Mi madre fue la primera dama que lanzó en París un sombrero sin cintas ni lazos sujetos al cuello –bridas-, creación de la casa Virot; novedad de tal audacia, levantó polvareda, pero hizo fortuna enseguida; paréceme que aquella tarde mi madre andaba muy nerviosa y un tanto asustada.

Los sombreros femeninos de moda
en París en el año 1873
         
          En una ocasión, cierto incidente relacionado también con los sombreros femeninos me causó una gracia enorme; mamá llevaba un sombrero con moños de gros grain rojo y espigas de trigo; las mujeres iban casi recostadas en los asientos de atrás, y ¡cuál no fue su terror cuando un caballo del coche inmediato pretendió morder el apetitoso adorno! Tuvo que mi madre que abrir su pequeña sombrilla para defenderse.

Fuente: Daniel García-Mansilla. “Visto, oído y recordado” Apuntes de un diplomático argentino. Editorial Guillermo Kraft Limitada. Buenos Aires. 1950.

domingo, 29 de abril de 2012

AGUSTINA ORTIZ DE ROZAS. Madre de Eduarda Mansilla de García.



SU FALLECIMIENTO

El 28 de agosto de 1898, falleció en la ciudad de Buenos Aires a los 82 años de edad, la madre de Eduarda Mansilla de García. Con motivo de su fallecimiento, el diario "La Nación" de Buenos Aires publicó un recordatorio que hoy queremos compartir con todos nuestros lectores.

"Ha fallecido ayer, en las primeras horas de la noche, la Sra. Doña. Agustina de Rozas de Mansilla.

Basta enunciar el nombre de esta dama para que salte a la memoria como una evocación, el recuerdo de una época cuyas particularidades, no obstante el tiempo transcurrido, mantiénense aún vivas en el espíritu de nuestra sociedad.

La dama extinta era la tradición viviente del período histórico en que ella, joven, hermosa, espiritual, concentrando en su admirable figura de española noble, todas las gracias de la mujer, proyectaba amable luz sobre las sombras de su tiempo.

Era hija de Don León Ortiz de Rozas y de Doña Agustina López de Osornio de Ortiz de Rozas, hermana menor de Don Juan Manuel de Rozas, contrajo enlace a los 15 años de edad con el benemérito general Don Lucio Norberto Mansilla.

En casa de sus padres, aspiró el perfume, cuya esencia algún escritor contemporáneo ha lamentado no aspirar más en los salones de su tiempo. Un perfume de flor vieja, de mueble viejo, que emerge a veces, de tarde en tarde, cuando se despliega un abanico antiguo.

La belleza y el espíritu de Agustina Rozas, reciprocidad perfecta, , que hicieron de ella la mujer más encantadora de su época, eran la admiración constante de cuantos la conocieron y trataron.

En la corte del dictador, donde los diplomáticos y almirantes de las naciones amigas constituían el círculo preeminente, el sentimiento de la amabilidad y la cortesía castellana, desconocido para aquellos, fue dignamente sostenido y revelado por Agustina Rozas.

En aquel entonces, los diplomáticos y marinos extranjeros gozaban de una consideración extraordinaria, tanto por parte de los representantes del gobierno, como de los miembros de la sociedad en general.

El derecho de asilo, inherente a sus puestos, del que ellos hacían uso con frecuencia constituía el privilegio más grande, sobre el cual estaba fijo el pensamiento, no solamente de las presuntas víctimas, sino del mismo dictador, para las tristes eventualidades del futuro.

No es extraño, pues, que lord Hawden, el almirante Macau, el barón de Rivière, el comandante Dicksen, el baron Gove, jefes de la diplomacia y la marina, revistieran entonces una importancia que no han alcanzado ni alcanzarán jamás a revestir sus sucesores.

En éste período y en éste círculo, donde Agustina Rozas brilló con todo el esplendor de sus encantos y donde adquirió la reputación de bondad e inteligencia que a través de todas las vicisitudes por que atravesara su familia, fue el escudo inviolable que hizo callar la critica en torno a ella, antes y después de la caída del tirano."

Fuente: Diario "La Nación" de Buenos Aires. 29 Agosto de 1898.

sábado, 28 de abril de 2012

UNA MUJER DE FIN DE SIGLO. Novela sobre Eduarda Mansilla de García.

ENTRE las mujeres que, a fines del siglo pasado, lucharon denodadamente por imponerse en una sociedad argentina dominada por la hipocresía y los prejuicios masculinos, se destaca el nombre de Eduarda Mansilla de García.

 Nacida en 1834, sobrina preferida de Juan Manuel de Rosas y esposa de Manuel Rafael García, Eduarda transitó los más elegantes salones de Europa, acompañó la carrera diplomática de su marido y se vinculó con las más encumbradas figuras de la elite internacional. Sin embargo, atraída por la literatura y por la música, deseó existir por mérito propio.

De su matrimonio nacieron seis hijos a los que brindó atención y amor. Paralelamente, escribía, siempre amparada por las sombras y por el anonimato, y lucubraba sus fantasías en novelas y relatos que hacía circular casi con pudor entre sus amistades, que leían esas páginas con sonrisas irónicas y comentarios desdeñosos.

María Rosa Lojo, como ya lo había hecho en La princesa federal , volcó en este libro su energía y su talento para descubrir los más entrañables secretos de la vida de Eduarda Mansilla. No se apoyó para ello en una somera biografía ni en un retrato de una época colorida -recursos remanidos en este género literario-, sino que hurgó en los más hondos pliegues de su personaje y los tradujo con lenguaje poético y coloquial.

La autora divide su novela en tres etapas.

La primera relata la estadía de Eduarda Mansilla en Washington, hacia 1860, cuando como elegante dama de costosos vestidos recorre con su esposo las residencias de la aristocracia, observa la desigualdad que impera entre los hombres y las mujeres -ellos autoritarios y prepotentes; ellas virtuosas y casi serviles-, y comienza, encerrada en sí misma, su labor literaria. 

La segunda etapa, en 1880, encuentra a la protagonista en Buenos Aires, acompañada por su secretaria bretona Alice Frinet. Es ella quien lentamente va descorriendo los velos de la vida de Eduarda, alejada de su marido y de sus hijos, que quedaron en Europa, para insertarse en una ciudad que siempre le es esquiva a sus méritos literarios. La tercera etapa de este camino se ubica en 1900, siete años después de la muerte de Eduarda. Su hijo, Daniel García-Mansilla, recuerda a esa mujer que dejó las tentaciones de los oropeles y la comodidad hogareña para cumplir, como la Nora Helmer de Casa de muñecas , con su vocación de independencia y de sueños.

El libro posee la calidez de la verdad, la tersura de las pasiones íntimas y el dramatismo nunca exacerbado de una sociedad pacata y machista. Una mujer de fin de siglo es, en fin, un libro sin duda entrañable, un documento que rescata de la oscuridad a un personaje notable de nuestras letras y un relato escrito tanto con la pluma como con el corazón.

Fuente: Adolfo C. Martínez. Diario "La Nación de Buenos Aires" 4 de agosto de 1999.

sábado, 18 de febrero de 2012

CUENTOS - 1880 - de Eduarda Mansilla de García. Una magnifica reedición anotada, publicada por Editorial Corregidor de Buenos Aires.

Con especial beneplácito recibimos la noticia de la reciente aparición de una nueva edición del libro "Cuentos" de la pionera de las letras argentinas Eduarda Mansilla de García, que fuera escrita y publicada  originariamente en el año 1880. Este acierto literario fue llevado a cabo por Ediciones Corregidor de Buenos Aires, una inusual editorial de las letras argentinas dirigida por Fernando Pampín

Pero el editor no se conformó con la mera reedición de la obra, emprendió una edición anotada bajo el cuidado de la talentosa escritora e investigadora Profesora Hebe Beatriz Molina. El resultado como no podía ser de otra modo, es un magnífico trabajo académico que rescata del olvido a la primer obra de cuentos infantiles escrita en nuestro país por una  mujer.

En la historia literaria y cultural argentina, Cuentos es el primer volumen de narrativa escrita especialmente para un público infantil, con una finalidad no solo moralizadora sino también recreativa. Incluye un prólogo y nueve textos –ocho cuentos y artículo costumbrista– fechados entre octubre de 1879 y diciembre de 1881 (aunque esta última data puede ser una errata por 1880, año que figura en la portada, ya que según los periódicos de la época el libro ya circulaba a principio de 1881).

Eduarda Mansilla es consciente de la novedad de su empresa y se ufana por ello. Pretende revivir el carácter tradicional y familiar de contar cuentos a los niños, como un auxilio patriótico a las madres argentinas.

Según define la propia autora, los textos son apólogos a través de los cuales ella garantiza que, junto a una narración amena, los lectores hallarán una enseñanza moral configurada por el carácter metafórico de cada historia: lo que les sucede a los personajes puede sucederles a los lectores. Las situaciones moralizadoras devienen de dos esquemas narrativos básicos: son las consecuencias de una actitud predominante en el protagonista o de la infracción de normas. Los efectos educativos se multiplican porque entre las ocho historias se pueden establecer relaciones de semejanza o de contraste, las cuales acentúan el sentido del mensaje moralizador. Si bien Eduarda reconoce cuatro modelos europeos: Hans Christian Andersen, la Condesa de Ségur (Sophie Rostopchin), Jean de La Fontaine y Édouard Laboulaye, se observa con nitidez que la escritora argentina da a este género literario un carácter propio.

En la transcripción del texto, hemos optado por respetar la grafía original, aunque no hemos podido reconstruir el diseño ilustrado de las páginas. Las notas históricas, literarias, lingüísticas y geográficas se destinan a un público culto medio, argentino o extranjero. La Introducción consta de dos partes.

En la primera se sintetizan la biografía de Eduarda Mansilla (haciendo hincapié en los aspectos maternales, ya que el libro está destinado a los niños y los cuentos son dedicados particularmente a sus hijos, nietos y sobrinos), sus actividades artísticas, sus producciones literarias y periodísticas, y las líneas de pensamiento que definen la ideología de la escritora.

En la segunda parte, se analizan los cuentos en cuanto a su ubicación en la historia de la literatura infantil argentina, sus características narratológicas y axiológicas, y su originalidad respecto de los modelos europeos declarados por la autora.

Fuente. Ediciones EDICIÓN ACADÉMICA, con Introducción y notas de Hebe Beatriz Molina (UNCuyo-Conicet)