lunes, 11 de septiembre de 2017

PASEANDO POR EL BOIS DE BOULOGNE. Por Daniel García-Mansilla hijo de Eduarda Mansilla.

          Uno de los suplicios que recuerdo de mi niñez en París es el de aquellas tardes en que mi madre, mi hermana y yo, íbamos al Bosque de Bolonia en una carretela de ocho muelles - une calèche à huit ressorts - elegantísima para caer en el interminable tour de lac ( vuelta del lago grande ) , encajados en una cáfila de millares de coches. Para subir o bajar del carruaje tan alto, había un estribo o escalón que se doblaba y cerraba en tres peldaños: toda la caja se zarandeaba como un barco y las señoras requerían ayuda tanto para montar como para descender.

Avenue Bois de Boulogne, París 1875


         Igual tortura se inventó en Buenos Aires, en Palermo, y se remedaba fielmente en la Avenida de las Palmeras.

         Era tal el número de vehículos que avanzaban al paso durante horas enteras, que no se oía más que el tintineo de las barbadas de los caballos impacientes que “incensaban” de continuo con la cabeza.

         Como era cortito de piernas, tenía que sentarme de espaldas a los cocheros y mantenerme en constante equilibrio porque resbalaba sobre el cuero acolchado, siempre temeroso – no sé porque – de que el gordo cochero o el flaco lacayo me cayesen encima. Ellos iban muy erguidos, a la inglesa, con sus sobretodos de paño claro ostentando botones de plata con el escudo oficial.

Para aquellos que quieran rememorar los paseos del Siglo XIX, hoy París
les ofrece esa posibilidad. También lo pueden hacer en el Bois de Boulogne
como Eduarda Mansilla y sus hijos.
        Al volver a casa, y siempre marchando casi al paso por el río de coches, tenía yo el sol de la tarde todo el tiempo en los ojos.

        No es fácil dar una idea de la indumentaria que gastaban las señoras por aquellas décadas. Iban vestidas como para un baile. ¡Restos del pomposo Imperio¡ Paso a describir una de aquellas toilette, que hoy parecería una evocación de Hollywood. Mi madre fue la primera dama que lanzó en París un sombrero sin cintas ni lazos sujetos al cuello –bridas-, creación de la casa Virot; novedad de tal audacia, levantó polvareda, pero hizo fortuna enseguida; paréceme que aquella tarde mi madre andaba muy nerviosa y un tanto asustada.

Los sombreros femeninos de moda
en París en el año 1873
       
          En una ocasión, cierto incidente relacionado también con los sombreros femeninos me causó una gracia enorme; mamá llevaba un sombrero con moños de gros grain rojo y espigas de trigo; las mujeres iban casi recostadas en los asientos de atrás, y ¡cuál no fue su terror cuando un caballo del coche inmediato pretendió morder el apetitoso adorno! Tuvo que mi madre que abrir su pequeña sombrilla para defenderse.

Fuente: Daniel García-Mansilla. “Visto, oído y recordado” Apuntes de un diplomático argentino. Editorial Guillermo Kraft Limitada. Buenos Aires. 1950.

domingo, 25 de diciembre de 2016

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE EDUARDA MANSILLA


Por Maria Rosa Lojo

Eduarda Damasia Mansilla de García 1834-1892
          Eduarda Mansilla de García (1834-1892) fue la personalidad creadora femenina más completa y más compleja en la Argentina del siglo XIX: pionera en la literatura y en la música, como cantante de salón y compositora; intelectual, periodista aguda y reflexiva, con opiniones propias, que publicó en los grandes diarios nacionales, cuando esa era solo una tarea de hombres. Escribió libros que inauguraron géneros y tendencias en la literatura argentina. A ella se le deben los primeros Cuentos (1880) para niños y jóvenes de nuestro país; ella es también la adelantada del género gótico-fantástico, que tan larga descendencia (y en varios sentidos) tendría en la tradición rioplatense, y que plasmó en un libro de excepción: Creaciones (1882).

          Antes que su más famoso hermano, Lucio V. Mansilla, introdujo los pueblos originarios en nuestra literatura y habló del mestizaje fundador en su Lucía Miranda (1860), y de otra vida posible, del lado de las tolderías, en El médico de San Luis (1860). En su novela más madura: Pablo, ou la vie dans les Pampas (1869), elogiada por Victor Hugo y redactada originalmente en francés, se propuso explicarles la Argentina a los franceses desde su propia lengua, y, sin perder nunca el equilibrio, imaginó en ella un villano unitario que balanceaba la entonces habitual demonización post-rosista del federalismo. Fue más allá del simplificador pensamiento dicotómico y desarmó en sus libros las antinomias ciudad/campaña, civilización/barbarie. Antes de que Lucio Victorio en una Una excursión a los indios ranqueles y antes que el Martín Fierro contó en esta novela, y ya en su primer libro publicado, El médico de San Luis, las desventuras del gaucho perseguido. Se situó en la perspectiva de los presuntos “bárbaros” para denunciar, desde ellos, las marcas de la opresión y de la exclusión. Dotó de una fuerte visibilidad reivindicatoria a los personajes afroargentinos que aparecen en sus libros.

          Uno de sus aportes más singulares como narradora radica en haber enfocado desde dentro, en sujetos de complejos matices, el otro lado de la épica gauchesca, del coraje viril: la lucha inadvertida de las mujeres, condenadas al abandono y a la espera de los hombres que parten a la guerra, así como a la ignorancia que las priva de la educación más elemental y las convierte, dice, en “parias del pensamiento”, “almas prisioneras”, “verdaderas desheredadas” sujetas a las “luchas desgarrantes de las pasiones humanas”, sin contar con las herramientas culturales para comprenderlas y dominarlas. En general, su abordaje de la condición social femenina, ya sea en el paisaje rural o en el medio urbano, pone de relieve las limitaciones de su papel de acuerdo con los mandatos imperantes, que las ahogan y las llevan a buscar vías de escape.

Su primer novela "El Médico de San Luis" publicada
en el año 1860 y dedicada a Domingo Faustino Sarmiento
          Como señalamos, Eduarda Mansilla publicó frondosamente en la prensa nacional de primera línea, no ya solo en las revistas femeninas (escritas por mujeres o para mujeres) que comenzaban a despuntar en la época. Dijo Sarmiento (que recomendó fervorosamente sus Cuentos): “Eduarda ha pugnado diez años por abrirse las puertas cerradas a la mujer, para entrar como cualquier cronista o repórter en el cielo reservado a los escogidos machos, y por fin ha obtenido un boleto de entrada, a su riesgo y peligro...” (El Nacional, 1885).

          En ese cielo, no fue un ángel sumiso, ni se limitó a opinar sobre los temas propios “de su secso”. Habló de modas y de grandes fiestas, pero también de crítica teatral y musical (un rubro en el que era verdaderamente experta); hizo crítica de costumbres, sostuvo posiciones políticas, opinó en cuestiones educativas, sociales y religiosas. Y siempre, sin abandonar las marcas de un estilo profundamente literario y un enfoque personal. Como su hermano Lucio V., como Victoria Ocampo (heredera, voluntaria o no, de ambos Mansilla), supo anclar la imagen del mundo en la perspectiva compleja de un “yo”, que acerca a los lectores a su experiencia viva. También como Lucio, fue una gran viajera (sin duda la escritora argentina más cosmopolita de su tiempo), y dio cuenta de esos periplos en artículos periodísticos, en sus cuentos y sobre todo en Recuerdos de viaje (1882) que relata su estadía en los Estados Unidos de Norteamérica, donde conoció a Lincoln, asistió a los comienzos de la Guerra de Secesión, y a donde volvió, unos años más tarde, en misión diplomática, junto a su marido. 

          Eduarda no solo escribió en la prensa y en sus libros sobre su vida en el país del Norte, sino que allí atrajo la atención de la prensa local. Las crónicas de Washington describen a “Madame García” como un verdadero ícono de glamour, cultura y distinción. Brilló en todos los salones donde puso el pie y afinó la voz. Fue una intérprete y cantante lírica notable en varios idiomas, así como también compositora de piezas musicales, alguna de ellas con novedoso color latinoamericano. Melómana desde niña, pudo luego estudiar en Europa con grandes maestros (como Charles Gounod y Jules Massenet), conoció a Rossini y fue amiga de célebres cantantes como la contralto Marietta Alboni y el tenor Enrico Tamberlick.

          Compuso y estrenó también obras de teatro, de las cuales solo se han conservado La marquesa de Altamira y Similia Similibus, una pieza que quedó integrada al libro Creaciones. En algún caso (Los Carpani), solo ha quedado una crítica, no muy favorable, pero que demuestra algo: probablemente la autora había abandonado el romanticismo aún imperante en el teatro rioplatense, y estaba intentando (siempre a la vanguardia) una apertura hacia el realismo que ya se imponía en Europa. 

Su marido Manuel Rafael García Aguirre 1826-1887
          En paralelo a su intensa actividad social y cultural tuvo seis hijos (Manuel José, Eduarda Nicolasa, apodada Eda, Rafael, Daniel, Eduardo y Carlos García-Mansilla), y acompañó en sus funciones a su marido, el diplomático Manuel Rafael García Aguirre, hijo de Manuel José García (primer Ministro de Hacienda de la Argentina). Conoció la corte de Eugenia de Montijo y Napoleón III. Residió también en Bretaña donde vivía Eda, su hija ya casada, y en Florencia y en Viena con su hijo Daniel (que también sería diplomático). Poco antes de su segundo viaje a los Estados Unidos, y luego de la publicación de Pablo, ou la vie dans les Pampas (1869), recibió una carta de Berlín, en la que el secretario del Káiser Guillermo I (mecenas de las letras), le ofrecía una posición en su corte, que ella declinó aceptar.

          Después de 17 años de ausencia volvió a la Argentina en 1879 (el mismo año del estreno de Casa de muñecas), acompañada por sus hijos menores: Eduardo Antonio y Carlitos, y permaneció por lo menos hasta 1885/6[1], fundamentalmente para darse a conocer como artista. Como Nora Helmer, la gran protagonista de Ibsen, no había huido con otro hombre. Antes bien, se había propuesto hacerse cargo de su destino como individuo, aunque ello le significara reacciones encontradas dentro de su familia. Presumiblemente pagó por esta decisión un alto costo personal. Después de su retorno a Europa se instaló en París con su hijo Daniel (entonces estudiante de Derecho y Ciencias Morales), mientras su marido se llevaba consigo a Viena a Eduardo y a Carlos. Eduarda siguió a Daniel en sus primeros destinos diplomáticos (uno de ellos, la corte de la emperatriz Sissi) hasta que en 1890 decidió establecerse en Buenos Aires junto a sus cuatro hijos menores, que habían pasado a vivir con ella después de la muerte de Manuel Rafael García en 1887. Sus últimos años fueron de casi absoluto silencio literario y de actividad musical privada, acompañada por algunos músicos notables como Alberto Williams y Julián Aguirre. Murió después de haber sobrellevado una larga enfermedad cardíaca, en 1892, dejando entre sus últimas voluntades el paradójico pedido de que no fuesen reeditadas esas obras por cuya difusión tanto había luchado. 

          Esta escritora nació en una de las familias más conspicuas de la Argentina decimonónica: los Ortiz de Rozas-Mansilla. Fue la sobrina predilecta de Juan Manuel de Rosas, prima de Manuelita, hija del general Lucio Norberto Mansilla, héroe de Obligado, y de Agustina, celebrada por su belleza y también por su ingenio.

Su madre Agustina Ortiz de Rozas 1816-1898
          Pero, si bien todo ello añade un interés a su vida, la importancia de Eduarda Mansilla no es transitiva. Es por sí misma un personaje memorable de la cultura argentina, ignorada durante mucho tiempo, en gran parte por razones de género y quizá también por motivos políticos, dada la extracción federal de su familia materna. Esto no impidió que tanto ella como su marido, Manuel Rafael García Aguirre, fuesen buenos amigos de Sarmiento, admirador y promotor entusiasta de Eduarda como periodista y escritora. Si bien se advierten en sus novelas disidencias con algunos aspectos de la política del partido antirrosista triunfante, Eduarda Mansilla apoya todo lo que le parece loable, como la obra educadora que Sarmiento lleva a cabo. Comparte con su hermano Lucio una perspectiva afín sobre la Argentina, reivindicadora e inclusiva de los sectores subalternos, a la que Eduarda añade una lúcida mirada crítica sobre la condición femenina y su posición subordinada en la sociedad.


También, por la documentación a la que hemos tenido acceso, sabemos de la estrecha colaboración intelectual en el matrimonio de Eduarda Mansilla y Manuel Rafael García Aguirre. Ambos compartían lecturas e intereses políticos. Incluso hacían en común traducciones de autores extranjeros. Mientras vivieron juntos en misiones diplomáticas, la Sra. de García asumió un papel que estaba muy lejos de ser meramente decorativo.

                Eduarda Mansilla es un punto de cruce, una bisagra y a la vez una síntesis. Heredera de la Ilustración, cultivada y erudita (incluso cuando escribe para los niños), es también una mujer romántica, y ya anticipa la mujer moderna. Por otro lado, desciende, por vía familiar, de una poderosa estirpe de matronas criollas (su abuela materna, doña Agustina López de Osornio, las representa por antonomasia), cuya indudable autoridad y relativa autonomía se volvería (paradójicamente), cada vez más difícil de comprender y convalidar a medida que se avanzase hacia el fin del siglo XIX y se impusiese en el Río de la Plata, como lo señala el historiador uruguayo Pedro Barrán, la “sensibilidad victoriana” acentuándose la pérdida de influencia de las mujeres de la alta burguesía (relegadas al gineceo doméstico) en la actividad política y de opinión (que en cambio habían ejercido antes, en la época de la Independencia y las guerras civiles). El fuerte carácter de Eduarda y la libertad de su conducta, a la vez que su protagonismo público, delineaban un tipo femenino que no sería aprobado luego por la clase dirigente de la que ella misma había surgido. Lo que explica también, en parte, el silenciamiento de su obra.

          Es la primera autora argentina capaz de escribir originalmente en francés (y nada menos que su mejor novela). Tanto en este sentido, como en otros, Eduarda es la antecesora (no reconocida) de Victoria Ocampo. Pero a diferencia de Victoria, no padece de “complejos de inferioridad geopolíticos y de género”[2] Es una “traductora rebelde” que propone nuevos originales, orgullosa, tanto de su condición femenina como de su condición americana. 

          Eduarda, desde su decidida femineidad, jamás creyó que esta fuese un impedimento para que las escritoras se dirigieran al resto del género humano y fueran escuchadas y respetadas por todos. Por el contrario, sostuvo firmemente, desde sus primeros libros, el papel de las mujeres como las educadoras de la sociedad en general y de los varones en particular. Pretendió influir en su entorno y modificarlo. No propuso una literatura “de mujeres para mujeres”, sino una literatura de mujer capaz de aportar (para mujeres y varones) un valor de conocimiento de la experiencia humana. 

          Cosmopolita y criolla, porteña y universal, merece recibir el homenaje de sus conciudadanos en lo más cotidiano: una calle que la recuerde en el mapa de Buenos Aires.

Por María Rosa Lojo
Escritora- Doctora en Letras (UBA)
Investigadora Principal del CONICET
Miembro de la Junta Consultiva del Instituto de Literatura Argentina “Ricardo Rojas”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires
Profesora Titular de la Universidad del Salvador

[1] Debemos estos datos, que antes se desconocían, a la exhaustiva investigación de la Dra. Marina Guidotti, plasmada en la edición crítica Escritos periodísticos completos (1860-1892), de Eduarda Mansilla. Dicha investigación fue realizada en el marco del Proyecto de Investigación Plurianual del CONICET 0286 del que fui Investigadora Responsable, y se publicó en la Colección EALA, siglos XIX y XX (Buenos Aires, Corregidor, 2015) de la que soy directora general. 

[2] Desarrollo esta tesis en mis artículos: “Género, nación y cosmopolitismo en Eduarda Mansilla y Victoria Ocampo”. Alba de América, Vol. 29, nºs 55 y 56. Westminster, Instituto Literario y Cultural Hispánico (julio 2010): 137-149, y “Eduarda Mansilla y Victoria Ocampo: escritoras y personajes de novela”. Revista de Literaturas Modernas, 41 (2011), Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo: 36-55.

sábado, 18 de junio de 2016

VICTOR HUGO LE ESCRIBE A EDUARDA MANSILLA DE GARCÍA


Eduarda Mansilla de García, envía desde Washington el 14 noviembre 1869, una carta al genial escritor francés, juntamente con un ejemplar de su novela "Pablo ou la vie dans les pampas", escrita originalmente en francés y publicada primero como folletín en la revista L'Artiste de París (1868) y poco después en formato libro, editado por la casa E. Lachaud. (1869). En respuesta a dicha carta Victor Hugo le contesta:

Hauteville House, 14 janvier 1870. 
"Madame: votre livre m' a captivé. Je luis dois des heures charmantes et bonnes. Vous m'avez montré un monde inconuu. Vous écrivez une excellente langue francaise, et c'est un intéret profond de voir votre pensée américaine se traduire en notre langage européen. Il y a dans votre roman un drame et un paysage: le paysage est grandiose, le drame est émouvant. Je vous remercie, madame, et je mets a vos pieds mes hommages" Victor Hugo.

Hauteville House, 14 janvier 1870. 
"Su libro me ha cautivado. Yo le debo horas cautivantes y buenas. Usted me ha mostrado un mundo desconocido.Usted escribe una excelente lengua francesa, y resulta de profundo interés ver su pensamiento americano traducirse en nuestro lenguaje europeo. Hay en su novela un drama y un paisaje: el paisaje es grandioso, el drama es conmovedor, Se lo agradezco señora, y rindo a sus pies mis homenajes" Victor Hugo


Eduarda Mansilla fue sin lugar a dudas la primera escritora argentina francófona publicada, luego vinieron los sucesores, entre ellos sus hijos: Daniel y EduardoGarcía-Mansilla

Por ello se puede afirmar que, con la publicación de la primera novela francófona argentina, esta carta marcaría un hito en la historia literaria de la corriente francófona argentina, de allí su importancia. 

Toda esta corriente literaria francófona otorga relevancia a la breve correspondencia que existió entre Victor Hugo y Eduarda Mansilla. Por otro lado, la novela Pablo o la vida en las Pampas, al ser la piedra fundamental de la francofonía argentina, brinda un respaldo histórico literario contextualizador al trabajo de todos aquellos autores que siguieron la ruta francófona señalada por la autora.



Fuentes:
Eduarda Mansilla y Victor Hugo: un breve intercambio epistolar* marcando los inicios de la literatura francófona de Argentina Carlos Alvarado-Larroucau
https://cedille.webs.ull.es/10/02alvarado.pdf
Daniel García-Mansilla. Visto,oído y recordado. Apuntes de un diplomático argentino. Editorial Kraft.
Buenos Aires, Argentina. Año 1950,


lunes, 16 de mayo de 2016

VENTURA DE LA VEGA, DEFINE A EDUARDA MANSILLA

          

          Que la naturaleza es la madre artista y el modelo de los artistas, es antigua trivialidad, y parece confirmarse por la observación de que ella a semejanza de éstos, o más bien éstos a semejanza de ella, tienen su trabajo de abasto, -ordinario, imperfecto y como farfullado por mano de los oficiales y no del amo-; y su trabajo de amor y de esmero, en el cual se proponen hacer por el honor del su firma. La naturaleza vuelve entonces, como ellos, a los mejores modelos, escoge los más exquisitos materiales, combina las excelencias de gusto y de servicio, de vista y de uso: trabaja ella misma, sin consentir otra colaboración que la de Dios; y el resultado es desde luego una prenda sobresaliente, una joya de Exposición. 

          A esta línea pertenece la señora doña Eduarda Mansilla de García, esposa del actual Ministro Argentino en Washington don Manuel Rafael García, ya conocido de nuestros lectores por su ilustradora pluma. 

             El cielo y la naturaleza han reunido efectivamente en la brillante personalidad de la señora García las gracias y los dones que soliendo andar distribuidos de uno en uno, bastan a menudo para hacer la fortuna de quienes los poseen. Hay en ella un monopolio, que desmiente aquella consoladora teoría propalada por los necesitados y los feos, de que, según la constitución divina, dichos dones a semejanza de los cargos públicos y sus emolumentos, no son acumulables. Ella contradice igualmente la aserción de los naturalistas, de que las aves que mejor cantan son las de menos vistosa apariencia.

             En una carta particular de Ventura de la Vega a Lucio Victorio Mansilla, hermando de Eduarda, le dice:  "[...] He leído 'Atar-Gull' ¿qué quiere Ud. que le diga? Mi juicio no puede ser imparcial; el nombre de Mansilla que viene al frente se lleva todas mis simpatías y me predispone a sólo admirar. ¿Y sabe Ud. por qué es eso? porque estoy encantado con el talento y los escritos de otra persona que lleva el mismo nombre: su hermana Eduarda. Sólo por cartas la conozco pues ella habita en París, pero estamos en correspondencia literaria y he leído una novela suya titulada 'El médico de San Luis' que le confieso a Ud. amigo, que es una verdadera joya. 

            Atar-Gull me hace ver que son dignos hermanos uno de otro. Lo único que se puede criticar al drama es la elección del asunto. Eugenio Sué es un autor de brocha gorda, y no merecía el honor que le ha hecho Mansilla."

Fuente: El médico de San Luis. Año 1860
Novela americana de Eduarda Mansilla de García, precedida de apuntes por Miguel Navarro Viola y de un estudio sobre la autora por Rafael Pombo.

Fuente: Eduarda Mansilla (1834-1892) 
El médico de San Luis. Segunda edición, Buenos Aires, La Biblioteca Popular de Buenos Aires, Librería Editora de Enrique Navarro Viola, Año 1879. 

Nota: El óleo que adorna el presente artículo es obra del reconocido pintor español Federico de Madrazo y Kuntz y fue pintado en el año 1849. Dicha pintura, se encuentra actualmente en el Museo del Prado en Madrid, España.

domingo, 15 de mayo de 2016

MANUEL EUGENIO MONTES DE OCA, NOS DICE ¿QUIEN ERA EDUARDA MANSILLA DE GARCÍA?



"No la olvides nunca. Es una mujer de talento extraordinario, un alma exquisita......Resume en su mente, el vigor de Madame de Staël, el estilo de Jorge Sand y la fuerza creadora de la Condesa de Pardo Bazán. Estas palabras dichas por Manuel Eugenio Montes de Oca, en respuesta a su hijo, que le preguntó: ¿Quién era Eduarda Mansilla de García ?, resumen el propósito de este blog. Resguardar la memoria de quién tuvo el privilegio de ser una pionera de las letras argentina.
Fuente: 
Diario "La Razón de Buenos Aires, 1932 " 

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, HABLA DE EDUARDA MANSILLA


«Eduarda Mansilla ha pugnado diez años por abrirse las puertas cerradas a la mujer, por entrar como cualquier cronista o reporter en el cielo reservado a los escogidos (machos), hasta que al fin ha obtenido un boleto de entrada, a su riesgo y peligro, como le sucedió a Juana Manso, a quien hicieron morir a alfilerazos porque estaba obesa y se ocupaba de educación»


Fuente: El Nacional (abril de 1885)


sábado, 23 de abril de 2016

Una mujer de fin de siglo. Novela histórica que devela los avatares de Eduarda Mansilla (1834-1892)



Editada por Planeta, aparece la tercera novela histórica de María Rosa Lojo titulada: Una mujer de fin de siglo, que devela los avatares de Eduarda Mansilla de García (1834 - 1892), esposa de un diplomático, y madre; pero, sobre todo, mujer -escritora que desafía a la mentalidad de un siglo y de una sociedad, en irrenunciable necesidad de ser sí -misma por sobre toda otra opción.

Las tres etapas a través de las cuales se desarrolla la historia de la sobrina preferida de Rosas, hija de Agustina, hermana de Lucio Victorio y mujer de Manuel Rafael García, están marcadas por tres fechas: 1860, 1880 y 1900.

Cada fecha imposta diferentes voces. La primera, la de la propia Eduarda; la segunda, a través de Alice Frinet, su secretaria -“amanuense”; y la tercera, en la palabra evocativa de uno de sus hijos: Daniel García Mansilla.

En la primera parte, el encuentro de Eduarda con Judith Miller (en Estados Unidos), favorece el enfoque iluminante de la novela, relativo a los derechos de la mujer desde todo punto de vista pero, sobre todo, en la perspectiva de su desarrollo personal. Éste excluye toda sombra de discriminación, por ejemplo, en el planteo de la posibilidad –en el campo político– del ejercicio del sufragio. El contexto dialogal meduloso que texturan las observaciones de ambas mujeres, aparece enmarcado en cierta estructura de espacios críticos relevantes, respecto del país del norte y la realidad argentina: “La Quinta Avenida deslumbra desde lejos. A uno y otro lado relucen verdaderos palacios de mármol blanco, lujosos pero aéreos” (p. 54). “Me preguntan por mi Sur …” y “…Las sumerjo en el lujo y el espanto, en el exceso y la extrañeza de los sueños” (p. 86).

Como es habitual en la narrativa de Lojo, desfilan los fantasmas que atraviesan la civilización y la barbarie: Rosas, Facundo, Manuelita… las lanzas indias “de caciques duros y brillantes como peces de piedra mojada” (p. 87).

Más allá de estas observaciones, cabe destacar el largo párrafo de la página 94, donde Judith Miller efectúa una lectura del libro de Eduarda, titulado El médico de San Luis, donde se despliegan las ideas de lo que significa ser mujer en la Argentina del siglo XIX y lo que, en realidad, debería significar. Una de las frases con que culmina esta sección, condensa admirablemente el contenido crítico instaurado: “Cuando Judith Miller me mira, ya no puedo ser la que fui.”

En la segunda etapa, y con la aparición de la secretaria francesa, comienza a configurarse la que a mi juicio conforma una escritura en espejos subyacente en esta obra.

Alice Frinet llega a la Argentina con Eduarda (quien se separa por espacio de cinco años de su marido e hijos, que permanecen en Francia), y oficia de pieza de contrapunto respecto de Madame. En efecto, Alice debe dejar la patria con la obligada desgarradura que le imponen sus búsquedas. Por otra parte, aprende de Eduarda los pasos a seguir para confirmarlas. Ella es, sin embargo, quien encuentra al hombre en unión con el cual –a diferencia de Eduarda que se separa–, va a lograr en su vida objetivos intelectuales.

En este lugar, aparece el recurso de la lectura de páginas escritas por Eduarda (digresiones, cartas, diarios), que complementan con eficacia el elemento puramente narrativo y también el dialogal aludido más arriba, cuyos lineamientos conforman el modo expresivo de esta escritura, con matices de hondo lirismo y particularísima sugestión.

Resultan memorables las palabras que Eduarda Mansilla dirije a su hija, quien va a concretar en Francia un matrimonio ventajoso: “Hija mía: soy las cosas que aún no he dicho. Soy la voz que no se escuchó, la partitura no escrita que quizá nunca podrá ser interpretada. (…) Por eso, cuando llegue el momento, no voy a pedirte que me entiendas, sino solamente que creas en mi necesidad” (p. 212). Y luego la deslumbrante descripción del ser de la mujer con que culmina esta parte, cuya constatación dejamos librada al lector.

En 1900, ya muerta la madre, le toca a su hijo Daniel andar y desandar caminos, en un intento por aprehender la figura total de esa mujer que le fuera tan otorgada, y al mismo tiempo tan negada. Él (también escritor, aparte de diplomático como su padre), se entrevista con personajes que tuvieron acceso al mundo intelectual de Eduarda: el conde André Mniszech y la propia Alice Frinet. Este encuentro sobre todo colabora para que la estructura en espejo se complete. Efectivamente, Eduarda - Alice - Daniel diseñan una suerte de encaje de espejos que Daniel debe clausurar.

En la lírica evocación de la imagen de la madre muriente, llega hasta el presente del relato, la propia imagen (fantasmática) de Daniel cuando expresa: “Me arrodillo ante el cuerpo del que fui parte” (págs. 280 - 281).

Puede afirmarse, finalmente, que Lojo ha sabido aprovechar la oportunidad que su novela le ofrece, para plantear un notable paralelo crítico de la Argentina y del mundo respecto de fines de siglos (el XIX y el XX) que, dada su inherente incertidumbre, se establecen en el umbral de la inseguridad y la sospecha.

lunes, 7 de marzo de 2016

Iniciativa bienvenida por estudiosos y críticos de la obra de Eduarda Mansilla, el blog creado por su tataranieto Manuel Rafael García-Mansilla

Por Irene Ch. Bauer.

Iniciativa bienvenida por estudiosos y críticos de la obra de Eduarda Mansilla, el blog creado por su tataranieto Manuel Rafael, que tiene por objetivo "resguardar la memoria de quien tuvo el privilegio de ser una pionera de las letras argentinas".

Es posible que la humildad que caracterizó a Eduarda, su actitud de no arrogarse méritos más allá de los otorgados por la Gracia divina, pudo influir en la actitud de aquellos que le negaron un acceso merecido al canon literario argentino, y no tomaron en serio una escritora cuya calidad literaria excede su condición de pionera.

Es llamativo que la mayoría de los trabajos académicos que están revirtiendo ese proceso, sean realizados por mujeres. Herederas de una Eduarda que festejaba el ingreso de las mujeres en el terreno de las letras y el periodismo, las estudiosas y críticas del siglo XXI valoran a esta predecesora, y entienden que no se haya expresado abiertamente en favor de una emancipación femenina que evidentemente estaba lejos de ser una posibilidad concreta en nuestro país, ciento cincuenta años atrás.

Gracias a que los profesores de Literatura se suman a la tarea de rescatarla del olvido inmerecido, muchos estudiantes conocen hoy a Eduarda Mansilla. Parece necesario que este conocimiento se haga extensivo a un público lector que cursó estudios secundarios o universitarios sin escuchar ni siquiera el nombre de esta escritora fundamental.

En ese sentido, la iniciativa de Manuel Rafael García-Mansilla, su generosidad y anhelo de difundir la obra de su antepasada y su disposición para colaborar con aquellos que desean estudiar su obra, son ampliamente agradecidos. Su apoyo acompañó desde un principio la iniciativa de las Jornadas Homenaje a Eduarda Mansilla, que tuvieron lugar el 28 y 29 de mayo del 2009, en las que participarán reconocidos especialistas que, como el autor de este blog, han realizado un trabajo destacable, al poner en valor e instalar a Eduarda Mansilla en el campo literario argentino.